Noocracia: El sistema político del futuro.

Como ya se sabe, la justicia es inalcanzable. Un sistema que pretende ser justo con una masa no lo es con el individuo. Los grandes pensadores en materia de filosofía política y sociólogos reputados se han estrujado la cabeza para dar con la fórmula de un sistema justo tanto como los físicos teóricos para concretar la naturaleza del tiempo o de la luz. Muchos físicos admitieron la naturaleza mixta de la luz (onda-partícula) y filósofos como Deleuze rescataron que la perfección de un triángulo no se ve en ningún estado de la materia. Es decir, existen conceptos anexactos (que están configurados con los ojos de la mente, como decía Brouwer y, más tarde, disueltos pragmáticamente por Zadeh como conjuntos borrosos), no podemos estar como humanos a la altura de ellos (idealismo ontológico). Uno de ellos es la democracia. Su idea parte de una tendencia de las voluntades humanas a perpetuar un modelo perfecto e inalcanzable como el Tao. Ya en el origen de este sistema, el sabio Solón decidió poner pies en polvorosa. Dejó el sistema preparado, probablemente, deduciendo que voluntades dictatoriales como las de Pisístrato acabarían utilizando la democracia para enmascarar la verdad de su ideario político. Con hacer creer que se ponen las fichas y se vota en una asamblea es suficiente. Asimismo, si alguien ataca al gobierno se lo elimina por los medios más burdos o más complejos como sucede en la actualidad. La democracia nunca ha existido por muy románticos que nos pongamos con las vicisitudes griegas de antaño. Ni puede existir, porque traslada de facto un idealismo, como la torre de Babel (conectar la tierra con el cielo). Podríamos decir: “Vivimos en un Estado más o menos democrático”, pero, por desgracia, nunca en un Estado democrático.

El futuro está aquí, y al margen del resurgimiento lógico de la radicalización ideológica de izquierda y derecha (polarización) tras la crisis económica de 2008 como formas deslavazas de posanarquismo (acción de ruptura) y patriotismo (reacción de unión), fundamentalmente; lo cierto es que se ve que ningún partido convence sin apelar a la manipulación emocional. El hastío por los unos y los otros, por la clase política en general, encerrada en bloques ideológicos estancos, y en el “tú más” de patio de colegio, nos deja sin alternativa e inspiración ciudadana (no nos sentimos ciudadanos activos; animales sociales/políticos, como decía Aristóteles)

Ahora bien, nos podemos preguntar lo siguiente: ¿todos los “imposibles”, todas las utopías han de ser abandonadas? Desde luego que no. La utopía nos ayuda a crear (Véase: La evolución creadora, de H. Bergson), a tener esperanza (La “esperanza despierta” que promulgaba Aristóteles), a actuar, y, en definitiva, a mejorar en todos los ámbitos de la vida individual. Excepto en el caso de que, con la utopía, con el “imposible” o concepto anexacto, se nos quiera dar gato por liebre. Es decir, cuando el término democracia (etapa 5ª de la anaciclosis de Polibio) (del griego dḗmos: que puede traducirse como “pueblo” o “todos”; y krátos, que puede traducirse como “poder” o “gobierno”) y el sistema que lo fundamenta, enmascaran realmente una oligarquía (etapa 4ª de la anaciclosis de Polibio) jugando al ajedrez con la “ciudadanía”. Por si fuera poco, en toda democracia hay una tiranía de la mayoría, como dijo Tocqueville en 1835, (en la que entran en juego los sesgos cognitivos de Bandwagon y Group Think, y las falacias ad populum y generalización apresurada), un intento infructuoso de justicia social, y en la que residen las oligarquías de las dos fuerzas elementales ideológicas. Es por eso que algunos pensadores aventuran que el sistema democrático ha tocado fondo y estamos en la degeneración de las democracias avanzadas que derivan en oclocracias (última etapa de la anaciclosis de Polibio). Ya lo advertía John Adams en 1787.

Sin embargo, ahora se presentan salidas o vías que parecen factibles. La que tendrá más peso en el futuro próximo será la noocracia (del griego noos: “intelecto” o “mente”; y krátos: “poder” o “gobierno”), que proviene de las ideas del químico y matemático ruso Vladimir Vernadsky sobre la noosfera y el punto omega de Teilhard de Chardin. Y que se asocia a la visión transhumanista actual de gurús como Ken Wilber, debido a la inminente integración de la inteligencia artificial en nuestras vidas y la toma de decisiones de sistemas expertos (la construcción de redes neuronales está progresando exponencialmente). No obstante, fue el mismísimo Platón quien pretendía esa república de sabios o doctos, ante la manifestación recalcitrante de la ignorancia de los “ciudadanos” de la polis. Una consecuencia lógica de esta observación es que, si la mayoría del pueblo es intelectualmente mediocre, su decisión u opinión serán mediocres, y nos llevarán irremediablemente a la tiranía de la ignorancia.

Jean Gebser, íntimo amigo de Heisenberg y vilipendiado por la academia por sus ideas rocambolescas, ya advirtió ese último paso de los humanos a una conciencia integral. Pero, ¿quién podría imaginar algo como Internet, las redes sociales, las redes neuronales, o los nuevos móviles con holograma que saldrán en la próxima década a la venta, a principios del siglo XX? La academia desde luego no. Ahora sí comienza a retumbar el mensaje de Gebser.

La noocracia representa la cúspide de un modelo político y social en el que la inteligencia manda. No la tiranía de una mayoría alienada por los mass media (el cuarto poder) y la ideología de partidos. Una cosa que ayudará a solucionar la Noocracia es precisamente a disolver estas dos lacras de la sociedad. Pero, tendrá, como todo, nuevos frentes que solventar antes de que se hagan diques que no dejen fluir al sistema. Uno de ellos es el alienamiento 3.0 mediante los algoritmos, el Big Data, la compra de información en el futuro en la que se perpetuará el sesgo de “compro el periódico que dice lo que yo quiero oír” (Gebser advertía: “somos lo que pensamos”). Es decir, los grafos deberán admitir espacios topológicos de librepensamiento, por utilizar una metáfora matemática.

Ahora bien, esto parece más un deseo que algo factible, ¿cómo se implementaría el sistema noocrático en la que toda decisión sería inteligente? ¿Cómo catalogar de “sabio” a alguien (sea un ordenador o no) y sentarlo en un trono? Parece peligroso. ¿Quién dicta a esos gobiernos inteligentes? ¿Y cómo saber si son completamente autónomos y con escaso porcentaje de error, y no se perpetúa una democracia corrupta u oligarquía en la sombra?

Cuestiones francamente difíciles de resolver. Pero, avancemos un poco más en los pasos que se están dando en esa dirección, para que nadie pueda creer que caemos en meras especulaciones indocumentadas. Por ejemplo, ¿qué o quiénes son los sistemas expertos?

Los sistemas expertos en tiempo real son sistemas de control autónomos que posibilitan desde pilotar un helicóptero (Sugeno) hasta tocar un violín, así como, controlar procesos de manufacturación industriales, etc. El Big Data y la implementación de nuevos algoritmos con el proceso correlativo de la recursividad harán que Shopia (el robot de HANSON) y otros modelos de Ishiguro, adquieran una autonomía completa en este siglo (Aunque actualmente se quiera atenuar esta circunstancia en los medios divulgativos con el escepticismo de quien no puede valorar predicciones que sólo se hacen ciertos miembros del MIT y Silicon Valley).

Estos sistemas expertos serán más inteligentes que cualquier humano y serán los que tomen las decisiones por nosotros. También se suspenderá la “moral del trabajo” del relato ilustrado y marxista que todavía perdura gracias a los ciudadanos de la generación del Baby Boom (1945-1964) y sus hijos, fundamentalmente. Nuestro contexto histórico cambiará y los valores serán distintos. Por eso, debemos comprender que las instrucciones que se implementaran en un sistema experto de esa índole tendrían que ser ideológicamente neutras, amorales (no inmorales) en el sentido de impersonalidad que marca el velo de la ignorancia (Véase: La teoría de la justicia, de J. Rawls), y entender que, por ejemplo, en materia de seguridad, ante un caso deben aplicarse leyes minimax (parámetros de un algoritmo minimax con movimientos alternativos) que seleccionan la salida más favorable poniéndose en el peor de todos los hipotéticos ataques (Véase: La teoría del daño, de J.S. Mill). La predicción en este caso es mantener la protección del Estado y, al mismo tiempo, limitando el intervencionismo neoliberal del Estado. La demagogia de los discursos moralizantes a posteriori es una consecuencia lógica del etnocentrismo patriótico como reacción frente al posanarquismo (una lucha populista de las olocracias, en el que el vencedor tiende al estadio primigenio: La monarquía tiránica) y la lucha ideológica de partidos, pero no debe ser la razón que guíe las decisiones que toma un gobierno.

La singularidad tecnológica que Kurzweil prevé para el año 2045, basada en datos sobre la escala exponencial de descubrimientos y actualizaciones relevantes en materia científica y tecnológica, en ciertos aspectos insoslayables, traerá consigo modos distintos de comprender la Humanidad, y el peligro estará en vernos sometidos a un utilitarismo clásico (como el del Panopticón de Bentham), un retorno esencial a los presupuestos más primitivos del capitalismo de Estado, esta vez, preñados por la autonomía de las máquinas. Los tres sectores económicos de un país, sobre todo, el terciario, serán controlados por la tecnología enteramente, y en el futuro, serán ellos los que tomarán las decisiones, aboliendo la esclavitud del hombre al trabajo. Es curioso e incluso paradójico pensar que el capitalismo nos pueda liberar por un lado de nuestra piedra de Sísifo, pero, por otro lado, nos pueda condenar a un utilitarismo clásico (materialista, científico, que ahora también es cultural), donde todo tendrá un parámetro, una ley, una mensurabilidad. ¡Cuidado! El peligro está en las coordenadas.

Por tanto, en la perspectiva de un mundo que tanto parece abrirse al confort y al Welfarism escandinavo del “Consejo Nórdico” (sumisión hedonista), deberemos despertar y vigilar que la política no se convierta en una forma de ejecutar las leyes al servicio de poderes políticos en la sombra, y que no se atienda al perfil humano y su complejidad, entrando a valorar una información precisa y motivada con voluntad utilitarista clásica, donde los humanos seamos objetos de una teoría de juegos o peones en un tablero de ajedrez. O, simplemente, robots.

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10 comentarios sobre “Noocracia: El sistema político del futuro.

  1. Hola, David. Gracias por el post. Lo voy a compartir por necesario. Tenemos un proyecto de cultura y arte, en el que voy a incluir algunas frases tuyas con tu nombre por supuesto y el enlace a tu blog, si me das permiso. Te dejo el enlace de facebook del proyecto por si quieres echarle un ojo.

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  2. Hola David, una visión oscura que lastimosamente comparto. Si puedo permitirme compartir mis humildes pensamientos creo que nuestra sociedad capitalista y post neoliberal cooptada por políticos al servicio del capital y sus corporaciones tiende a transformar nuestro modelo democrático en una oligarquía liderada por las mismas corporaciones (Una especia de comunismo moderno). La paradoja de nuestra sociedad moderna es la inutilidad del numero, en este caso el humano con la recrudescencia de la tecnología y sus aplicaciones. La masa tenia una utilidad societaria en el pasado que ya no existe hoy: productividad VS “robotizacion”, Guerra VS Globalismo, Consumismo VS Ecología, conceptos que tiende inevitablemente a una reducción del numero. Las ultimas propuestas de los gobiernos diseñan los premicios de una nueva sociedad que llamare “corporacionista”: La geolocalización, el salario universal y la abolición del dinero metálico nos propulsa en una nueva era que no caracterizaría de humanista. Espero que a pesar de mi castellano NO nativo he podido transmitir mis pensamientos.

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    1. Desde luego, has realizado un gran comentario. Estoy de acuerdo, en líneas generales. Este artículo es un pronóstico basado en un diagnóstico. En breve, trabajaré en otro artículo que pretende marcar unas pautas para una vía de escape o una solución (dentro de unos parámetros lógicos y prácticos, no utópicos). Si quieres, podemos mantenernos en contacto por redes. Un saludo.

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  3. Me quedo con la solución que propones para acompañar y así participar la toma de poderes por y desde la inteligencia, para equilibrar un mundo donde la I.A. tiene más que medios para superar la inteligencia humana. Transcribo para deprimirme un poco sin dejarme nada:
    “…deberemos despertar y vigilar que la política no se convierta en una forma de ejecutar las leyes al servicio de poderes políticos en la sombra, y que no se atienda al perfil humano y su complejidad,
    Y para cuándo vaticinan las meigas que despertaremos, antes o después de habernos extinguido por tontos? 😁

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    1. La tiranía de la masa no puede despertar. La reflexión filosófica (inherentemente neutral) tiene un alcance limitado. A mayor alcance, mayor capacidad de resistencia. Es todo lo que se puede hacer.

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  4. Excelente y esclarecedora entrada! Una visión; que ni siquiera puede llamarse “futurista”; ya que se encuentra enquistada, en los resortes del poder económico-político hegemonico desde el siglo XVIII. No ha existido jamas; “la democracia en estado puro”, ni siquiera desde su alumbramiento. La cultura del hedonismo, reemplazando al trabajo me hace creer que resultaría una “mera utopía”. Creo en lo personal, que será un mundo para muy pocos. Un cordial saludo.

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